El Bernabé (Tucumán, 8 de mayo de 2026).- El Tribunal integrado por el juez Fabián Fradejas absolvió a César Soto y Sergio Kaleñuk por falta de pruebas en el femicidio de Paulina Lebbos, confirmando una tragedia institucional donde el Estado se erige como principal obstáculo para la verdad. Este fallo subraya una carencia probatoria absoluta, ligada a encubrimientos.
El impacto en la familia y la búsqueda de justicia
Para Leticia Nieva, la hija de Paulina Lebbos, quien ha crecido buscando respuestas en los pasillos de tribunales, el reciente fallo representa vivir con dos ausencias profundas: la de su madre y la de la verdad sobre su muerte.
La querella ha sido enfática al cuestionar el costo humano de crecer bajo la duda perpetua sobre la participación de su propio círculo biológico. El estigma de ser la 'hija de Paulina' en un escenario de desidia judicial es irreparable.
El fallo y sus fundamentos
La absolución dictada en las últimas horas se fundamenta en una carencia probatoria absoluta, una orfandad de evidencias que no es casual sino causal.
Como bien señaló la abogada Soledad Deza, representante de Leticia Nieva, este resultado es la consecuencia directa de una cadena de encubrimientos. En Tucumán, el uso del tiempo se ha revelado como un dispositivo de poder, transformando una investigación tardía en un simulacro.
La destrucción de pruebas y el rol del Estado
Esta carencia probatoria tiene un antecedente concreto: la condena en 2021 del ex fiscal Carlos Albaca por destruir y hacer desaparecer las pruebas que podrían haber identificado al homicida de Paulina Lebbos. Este veredicto ya había puesto en evidencia el accionar de miembros del aparato estatal. El fallo actual refuerza la crítica sobre cómo las autoridades judiciales y de seguridad actuaron desde el inicio del caso, el 26 de febrero de 2006.
Un monumento a la impunidad en Tucumán
Cuando el Poder Judicial empaña la verdad, la calidad democrática de una provincia entra en cuidados intensivos. La venda de la justicia, que debería garantizar imparcialidad, parece haber sido utilizada en este caso para no mirar hacia donde el poder incomodaba. Las condenas previas a funcionarios del Ejecutivo y a la cúpula policial de aquel entonces demuestran que el aparato estatal se movilizó, pero no para esclarecer, sino para oscurecer el camino de la investigación.
Hoy, con los imputados absueltos por el beneficio de la duda y la falta de pruebas sobrevivientes, el caso Lebbos queda como un doloroso monumento a la impunidad en Tucumán. La sentencia recuerda que en el Jardín de la República, una justicia que llega tarde y sin certezas difícilmente pueda ser llamada justicia verdadera. La provincia sigue esperando respuestas definitivas sobre quién mató a Paulina Lebbos.

