El Bernabé (Tucumán, 16 de mayo de 2026).- El exgobernador Juan Manzur y el diputado Carlos Cisneros son señalados por intentar obstaculizar el progreso institucional y la gestión de la actual administración provincial. Esta situación reabre el debate sobre la transparencia y la necesidad de renovación en Tucumán.
La sombra de Manzur y el modelo agotado
La actual administración provincial se esfuerza por imponer orden y una nueva gestión, pero enfrenta la resistencia de un modelo político percibido como agotado. La figura de Juan Manzur, exgobernador, sigue siendo central en estas tensiones. Desde su actual residencia en la Capital Federal, se le atribuyen intentos de influencia en la vida institucional tucumana para mantener estructuras de poder y privilegios. Estos señalamientos persisten a pesar del rechazo manifestado por los ciudadanos en las urnas.
Presiones políticas y entramados de influencia
Las denuncias recurrentes giran en torno al presunto uso paraestatal del poder y a la existencia de entramados de influencias en el ámbito judicial provincial. Para muchos sectores, esta situación consolidaría la percepción de que el denominado “manzurismo” representa un freno significativo al desarrollo de Tucumán. La ciudadanía exige una mayor transparencia y el fin de prácticas que consideran obsoletas, promoviendo así un avance genuino para la provincia.
El rol de Cisneros y la presión gremial
A este esquema de poder se suma la actuación del diputado nacional y dirigente bancario Carlos Cisneros. Se lo acusa de emplear el aparato gremial y su rol en las bancas legislativas como herramientas para ejercer presión política. Estas acciones, según las denuncias, estarían más orientadas al beneficio personal o de un sector, que a la búsqueda de soluciones concretas para los problemas que afectan a los ciudadanos de Tucumán.
Lejos de enfocarse en propuestas legislativas que favorezcan directamente a la población, el diputado Cisneros ha sido señalado por tensionar el clima social. Se le atribuye el uso de hostigamiento mediático y presión corporativa para desafiar las decisiones del actual gobierno provincial. Esta estrategia, según observadores, buscaría condicionar la administración democrática en lugar de colaborar en la resolución de las demandas ciudadanas más urgentes en la provincia.
Demandas de la sociedad tucumana
La sociedad tucumana demanda con insistencia mayor transparencia, austeridad en la gestión pública y la generación de trabajo genuino para sus habitantes. Frente a estas exigencias, la continuidad de ciertas prácticas de presión y el lobby político por parte de esta facción generan un fuerte rechazo. Estas acciones son percibidas como una resistencia a la adaptación a los nuevos tiempos y a las demandas de cambio que imperan en la provincia.

