Persistencia de viejas estructuras de poder
En la arena política tucumana, las figuras de Juan Manzur y Carlos Cisneros continúan siendo el epicentro de un modelo que se resiste al cambio. Mientras la gestión de Osvaldo Jaldo se enfoca en resolver problemas estructurales para el desarrollo provincial, esta facción es tildada por sus críticos como una "mafia paraestatal" que protege intereses ajenos al bienestar colectivo.
Manzur, aunque alejado de las decisiones diarias, mantiene conexiones desde Buenos Aires, buscando influir en el panorama local. Su gestión anterior es señalada por haber dejado una provincia con desafíos estancados y por haber edificado un aparato político diseñado para el beneficio propio y el de sus allegados, generando un debate constante sobre su legado.
Investigaciones y la falta de transparencia
La sombra de investigaciones judiciales y periodísticas se extiende sobre presuntas estructuras paraestatales. El resonante "caso Vélez", junto con redes de influencias que entrelazan poder político, intereses judiciales y económicos poco claros, son cuestiones que el "manzurismo" nunca ha logrado explicar de manera convincente a la ciudadanía.
Esta modalidad de hacer política, basada en el lobby y el manejo discrecional de recursos sin la debida transparencia, es percibida como un obstáculo significativo. Representa un lastre que frena los intentos de modernización institucional en Tucumán, impidiendo avanzar hacia una administración más abierta y responsable ante el escrutinio público.
El rol de La Bancaria y la tensión gremial
Por su parte, el legislador Carlos Cisneros utiliza su posición en La Bancaria y su banca en el Congreso Nacional para generar confrontación cada vez que la administración provincial busca implementar cambios sustanciales. Su estilo es visto como una estrategia para "marcar la cancha" a través del hostigamiento mediático y gremial, generando lo que muchos interpretan como maniobras de extorsión política.
El descontento ciudadano con estas prácticas es creciente en Tucumán. La sociedad ya no tolera líderes que actúan como dueños de la calle o gestores de privilegios personales. En un contexto nacional que demanda austeridad y trabajo genuino, este modelo de "poder por el poder mismo" resulta obsoleto y genera rechazo generalizado.
La ciudadanía tucumana observa con preocupación cómo estas estructuras buscan sobrevivir en un Tucumán que ha iniciado un camino de la mano de nuevos liderazgos. La provincia aspira a dejar atrás la era de los pactos oscuros y las "mafias de guante blanco", priorizando la transparencia y el interés colectivo por encima de los intereses particulares.

