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Los trapitos del microcentro y el dilema del espacio público

Tras la rehabilitación parcial de la calle Mendoza al 200 en San Miguel de Tucumán, los "trapitos" han vuelto a ocupar el espacio público, cobrando por estacionamiento y evidenciando un desafío a la regulación urbana.

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Por Redacción El Bernabé

jueves, 14 de mayo de 2026, 07:36 a. m. hs

Los trapitos del microcentro y el dilema del espacio público

Redacción / El Bernabé

El Bernabé (Tucumán, 14 de mayo de 2026).- La reapertura parcial de la calle Mendoza al 200 ha visto el inmediato retorno de los cuidacoches, quienes han retomado el control del estacionamiento en esta zona central de San Miguel de Tucumán.

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Reaparición Inmediata en el Corazón de Tucumán

La situación en la calle Mendoza al 200 se ha vuelto palpable apenas se levantaron las restricciones vehiculares. Los "trapitos", un fenómeno recurrente en San Miguel de Tucumán, hicieron su aparición con baldes y franelas. Este "gremio" informal, que opera sin una estructura física visible, se apropia rápidamente de los espacios habilitados para el estacionamiento, generando interrogantes sobre la efectiva gestión del espacio público en la ciudad.

Un Fenómeno Urbano Persistente

El accionar de los cuidacoches representa un sistema que ha logrado trascender diversas administraciones municipales y múltiples normativas de planeamiento urbano. Se consolida como un antagonista diario para el vecino común que busca estacionar en el centro. Su capacidad para restablecer operaciones de manera casi instantánea subraya la arraigada naturaleza de esta actividad informal en el tejido urbano de Tucumán, desafiando cualquier intento de regulación.

El Desafío a la Formalidad y la Regulación

Mientras el municipio de San Miguel de Tucumán invierte cuantiosos recursos en estudios de suelo y obras de infraestructura, la presencia de estos "dueños del asfalto" persiste. Ellos continúan cobrando una "tasa de estacionamiento" informal bajo la atenta, pero a menudo resignada, mirada de la guardia urbana. Esta dinámica pone de manifiesto una resistencia a la formalidad que caracteriza ciertos aspectos de la vida cotidiana en la capital tucumana.

La operación de los cuidacoches no solo implica un cobro no regulado, sino que también genera una percepción de desorden en el espacio público. Los ciudadanos a menudo se encuentran sin alternativas formales de estacionamiento, debiendo recurrir a este servicio de "cuidado de palabra". Este escenario resalta la dificultad de imponer un control total sobre el uso de las calles, incluso en áreas recientemente rehabilitadas, proyectando un desafío constante para las autoridades.

Este fenómeno subraya cómo, a pesar de las proyecciones urbanísticas y los planes a largo plazo para la ciudad, existen problemáticas cotidianas que parecen enquistadas. La informalidad de los cuidacoches en la calle Mendoza al 200 sirve como un recordatorio diario de la complejidad de la gestión urbana en San Miguel de Tucumán, donde la convivencia entre lo formal y lo informal sigue siendo una asignatura pendiente en el desarrollo local.

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